Cuando llevo un Godello de Valdeorras a la mesa de un restaurante, pasan dos cosas. La primera: el cliente lo huele, lo prueba, y se queda callado un momento. La segunda: me pregunta de dónde es. Ese silencio previo — ese instante en que el vino habla antes que la persona — es el mejor indicador de que estamos ante algo especial.
Llevo más de treinta años trabajando con vinos en hostelería, y si hay una denominación de la que me declaro auténtico enamorado, esa es Valdeorras. No es algo que me haya pasado de golpe. Es una relación que se ha ido construyendo botella a botella, visita a visita, conversación a conversación con sus productores. Una de esas denominaciones que cuanto más la conoces, más la respetas.
Hoy os cuento por qué.
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## Primero lo primero: ¿dónde está Valdeorras?
Valdeorras se encuentra en el extremo oriental de la provincia de Ourense, en Galicia. Es la denominación más pequeña de toda la comunidad — **apenas 1.300 hectáreas** de viñedo repartidas entre 8 municipios: A Rúa, O Barco, Petín, Rubiá, Vilamartín, Caballeda de Valdeorras, Larouco y O Bolo.
Casi 50 bodegas, muchas de ellas pequeñas y familiares, elaboran aquí sus vinos.
Lo que hace especial su situación geográfica es que Valdeorras está justo en el punto donde Galicia empieza a dejar de ser Galicia. Es el límite entre el clima atlántico del oeste y el clima continental del interior. Esa tensión climática se nota en los vinos: tienen la frescura y la acidez viva que esperamos de Galicia, pero con un cuerpo y una madurez que otras denominaciones gallegas no siempre alcanzan.
**Los viñedos se asientan a entre 300 y 700 metros de altitud** en laderas que bordean el río Sil, que cruza la comarca de este a oeste formando un valle profundo y espectacular. Las mejores parcelas miran al sur — más horas de sol, mejor maduración de la uva — y los suelos son principalmente **pizarra y granito**, con algunos viñedos sobre sedimentos y terrazas fluviales.
Ese suelo de pizarra merece una explicación, porque es el gran secreto de Valdeorras. La pizarra tiene una propiedad única: absorbe el calor del sol durante el día y lo va liberando por la noche, creando una especie de calefacción natural para las raíces. Eso alarga la maduración de la uva, la hace más lenta y más compleja, y le aporta ese carácter mineral — pedernal, piedra mojada, casi salino — que reconocemos en los mejores Godellos de la zona.
El clima completa el cuadro: inviernos fríos, veranos cálidos, temperatura media anual de 11°C y lluvias de entre 850 y 1.000 mm anuales. Suficiente agua para que la vid no sufra, suficiente calor para que la uva madure con intensidad.
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## Una historia que empieza con los romanos y el oro
La D.O. Valdeorras existe oficialmente desde **1945**, siendo la segunda denominación de origen más antigua de Galicia. Pero la historia del vino en esta comarca viene de muchísimo antes — y aquí es donde a mí se me eriza el pelo de emoción.
Los romanos llegaron a estas tierras atraídos por el oro. Las minas de la zona eran extraordinariamente ricas, y miles de legionarios y mineros trabajaron durante siglos extrayendo el metal precioso del subsuelo. Y mientras lo hacían, bebían vino. **Vino de Valdeorras.** Hace dos mil años, en estos mismos valles por donde hoy paseamos entre viñedos con suelos de pizarra, los romanos tomaban sus copas después de la jornada. Esa continuidad histórica — del viñedo romano al Godello de hoy — dice todo de un territorio con vocación vinícola desde siempre.
Siglos después, cuando llegaron los monasterios medievales con la cristianización, el vino siguió siendo fundamental. El **Santuario de Nuestra Señora de As Emidas**, del siglo XVII, en las laderas del valle del río Bibei, es un buen ejemplo: los monjes elaboraban vino no solo para uso litúrgico, sino como fuente de ingresos para el monasterio. La economía del territorio olía a vino.
El salto moderno llegó a finales del siglo XIX con el ferrocarril — la línea Palencia-A Coruña cruzaba Valdeorras — y con él una expansión importante de los viñedos. Los vinos encontraron salida hacia el resto de España. Pero justo entonces, la **filoxera** llegó y arrasó con todo, como hizo en casi toda Europa. Hubo que empezar de cero con injertos sobre portainjertos americanos resistentes a la plaga.
La recuperación fue lenta. Hasta que en **1974** se lanzó el plan REVIVAL, la gran apuesta para rescatar las variedades autóctonas y mejorar la calidad de los vinos. Ese plan fue el punto de inflexión que convirtió a Valdeorras en lo que es hoy: una denominación de referencia a nivel internacional.
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## Las uvas: dos variedades, dos mundos
Valdeorras es tierra de dos uvas principales, y cada una cuenta una historia distinta.
**El Godello** es la estrella blanca, y probablemente la razón principal por la que esta denominación está en el mapa del vino mundial. Es una uva autóctona gallega que estuvo a punto de desaparecer en el siglo XX: los viticultores la fueron abandonando porque producía menos kilos por hectárea que otras variedades más comerciales. Un error enorme.
Gracias al plan REVIVAL y a productores pioneros que apostaron por ella cuando nadie lo hacía, el Godello recuperó su lugar. Hoy es considerada una de las uvas blancas más nobles de España. Sus vinos tienen algo que pocas blancas tienen: acidez viva pero elegante, aromas que van de la fruta fresca — melocotón, pera, cítricos — a lo floral y lo mineral, y una **capacidad de envejecimiento** que sorprende. Un buen Godello a los 5 o 6 años en botella puede ser una experiencia absolutamente diferente a cuando es joven. Cambia, evoluciona, se hace más complejo. Eso no lo hace cualquier uva blanca.
**La Mencía** es la protagonista tinta. También autóctona, también elegante. Produce vinos de aromas afrutados — fruta roja, a veces toques florales — ligeros en boca pero con carácter. No es un vino para impresionar por la potencia o el alcohol, sino por la finura. En hostelería la he puesto miles de veces con carnes de caza, asados, cocidos... y siempre da el resultado.
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## Las pequeñas bodegas: donde está lo bueno
En Valdeorras, como en muchas grandes denominaciones, lo más interesante suele estar en lo pequeño. Hay productores que trabajan con una dedicación casi artesanal — viñedos viejos, vendimia manual, respeto absoluto al territorio.
En mi selección tengo el **D'Berna de A Tapada**, un Godello 100% que es uno de los vinos de los que más orgulloso me siento. Cuando lo pruebo, veo reflejado todo lo que os he contado aquí: la pizarra, el río Sil, la historia de una uva que casi desaparece y que hoy brilla con luz propia.
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## ¿Por qué está en mi catálogo?
Os lo digo sin rodeos: **Valdeorras está infravalorada en relación a su calidad.** Todavía podemos encontrar Godellos de primerísima categoría a precios muy razonables, porque no tienen el hype mediático de otras denominaciones más de moda. Para un profesional con treinta años en hostelería como yo, eso es una oportunidad — y para el consumidor, también.
Cuando alguien me pide un blanco que sorprenda, que tenga conversación, que maride bien con pescado, con marisco, con una merluza a la gallega o con unos percebes... el Godello de Valdeorras es mi respuesta casi siempre.
Hay denominaciones que se conocen. Y luego hay denominaciones que se sienten. Valdeorras es de las segundas.
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*[Ver mi selección de vinos de Valdeorras →](https://juanlareoselecciongourmet.es/mi-coleccion/)*
Que buena explicación Juan! Y que interesante historia del vino de Valdeorras( que por cierto, es nuestro preferido El Godello!es impresionante!. Muchísimos éxitos, me ha encantado.
Muchas gracias!!!